Carta abierta a su Santidad, el Papa Francisco

 

Publicado el 8 de Mayo de 2017

 

Su Santidad;

Hace más de una década que tengo intenciones de escribirle a un Papa, y finalmente hoy encontré la motivación que necesitaba para hacerlo.

Debo comenzar confesando que no soy una persona religiosa, y aún peor, soy un convencido que la iglesia es responsable de la pobreza de muchas personas; en mi libro "las 50 claves del éxito", envió un mensaje sobre este tema y hasta una de las claves se titula “Ser pobre duele”.

Desde que su Santidad fue elegido Papa, comencé a respetar un poco más a la iglesia, y a decir "finalmente eligieron a un Papa que hará realmente su trabajo"; lamentablemente, a medida que pasó el tiempo, mi desilusión ha ido aumentando a pasos agigantados.

Como compatriota suyo; hasta hoy me cuesta entender, cómo, un ser humano de bien, enviado de Dios, que promulga la paz, el amor, el respeto, la bondad, la ayuda al próximo, y está tan cerca de los más necesitados,; puede recibir en el Vaticano, y con mucho gusto a gente catalogada como asesinos, corruptos, dictadores, violadores, terroristas y con todos, sacarse fotos con una sonrisa bondadosa, darle la bendición a gente como Maduro, Chávez, Cristina Kirchner; Milagros Salas, y la lista no termina. Sin caer en el cinismo, seguramente usted está más allá de todo el bien y el mal y yo, como humilde pecador, no lo entiendo. Ilumíneme, por favor.

Luego, por sólo dar un ejemplo y no extender demasiado esta carta, llega al poder en Argentina el Sr. Macri, que sin duda llegó a salvar a la Argentina, y Su Santidad, parece que buscó excusas para no recibirlo hasta que no le quedó otra opción; mientras que a todos los Kirchneristas, que ya sabemos lo que le hicieron al país, se cansó de recibirlos en innumerables ocasiones.
Yo puedo entender que usted haya sido peronista toda su vida y obviamente un socialista de corazón, pero con su sabiduría ¿no se permite reconocer que estuvo equivocado al apoyar al peronismo; ¿y aún peor, específicamente a Nestor y Cristina Kirchner?

Hoy ve a una persona de bien, gobernando Argentina, con ganas de ayudar a sus pobres, y usted no parece mostrar ningún apoyo, cosa que hizo incansablemente con el gobierno anterior; podría entrar en el tema de Cuba, Nicaragua, Ecuador, Bolivia, etc., pero no lo haré porque no debo abusar de su tiempo y en vez de escribirle una carta, estaría escribiendo otro libro.
Seguramente usted está más allá de todo, y yo como pecador, sigo sin entender.

Realmente me niego a creer lo que dicen algunos que saben. Que la iglesia es un negocio como cualquier otro, y los fieles siempre son los más pobres, por lo que, si a un país le va bien y acaba con la pobreza, se podría acabar con la iglesia; le juro que me niego a creer esta versión de túnel tan simplista.

El año pasado tuve la dicha de poder conocer la ciudad del Vaticano; donde los ricos pagan un arancel y se ahorran la larga fila, y tienen una visita guiada y los pobres esperan por horas poder entrar, me pareció contradictorio, pero de nuevo, sin tratar de ser cínico, seré yo el que está mal.

Reconozco que la Basílica de San Pedro es el lugar más fantástico y tal vez lujoso que he visto en mi vida. Se siente uno transportado a otro mundo.; pero como simple pecador que debo ser, es más allá de mi comprensión ver tanta opulencia, tanta riqueza por todos lados.
Ver cuánto dinero entra al mes al Vaticano procedente de los fieles en el mundo y, al mismo tiempo, saber que tantos niños se mueran de hambre en el mundo. Seguramente me sigo equivocando, pero calculé que vendiendo el 25% de lo que vi, se acabaría el hambre en gran parte del planeta, o por lo menos, se le podría garantizar agua potable a la población que hoy no cuenta con ella.

¿Dónde quedó eso de que ayudar al prójimo es ser un buen católico? ¿Por qué un pobre hombre que trabaja doce horas al día, debe dar el 10% de su sueldo a la iglesia, en vez de primero solucionar sus problemas financieros familiares? ¿Por qué la iglesia no hace lo mismo? Es momento oportuno para aclarar que esto no es un tema que le incumbe solamente a la religión católica, sino que incluyo a absolutamente todas las religiones en esta realidad.

Su Santidad, con todo el respeto que siempre tengo por el prójimo y aún más por usted, no entiendo el mundo en el que vivimos; ¿qué futuro pueden tener nuestros hijos y nietos, cuando el mismo Vaticano actúa en forma que a mi entender, carece de realismo y de un mínimo respeto o interés real por los más pobres? ¿Qué es lo que no veo?

Como le dije al inicio, hoy encontré la motivación que necesitaba para animarme a escribirle, esa motivación se llama “Leopoldo López” y Venezuela.

Desde hace más de ocho años, me cuesta entender la postura del Vaticano con respecto a Venezuela, pero hace un par de noches, después de ver las noticias de Venezuela, no podía dormir. Pensaba en lo que vivían sus ciudadanos; pero lo que más me quitó el sueño fueron las imágenes de la esposa de Leopoldo, la Sra. Lilian Tintori, una de las personas que más respeto en el planeta, y a la madre de Leopoldo, de pie, afuera de la cárcel para saber algo de su esposo; Su Santidad, a mí se me humedecieron los ojos al verla tan desprotegida e impotente. Sólo ó de imaginar el martirio y frustración que viven esas dos mujeres, surgió la motivación para escribirle, que le menciono.

Su Santidad, necesito que me explique en términos lo más claro posibles, usted, en el papel de alguien enviado por Dios, puro, sabio y con el poder que posee sobre las masas, ¿por qué parece como si usted no hiciera nada al respecto? Juro que le pregunto con todo el respeto que merece; ¿cómo duerme en la noche?

Su Santidad, ¿por qué le cuesta tanto defender a la gente de bien, y parece que protegiera a la gente de mal? ¿Le parece prudente? Aún teniendo razón, decir en los medios de comunicación que "la oposición está dividida", y al gobierno no exigirle nada. ¿Por qué no levantar el teléfono y pedirle a Maduro que acabe con el dolor de Lilian, y deje ver por cinco minutos a su marido? Yo no tengo duda que usted es la única persona que puede conseguir eso, o por lo menos lograr que tengan la mínima dignidad para decir la verdad de lo que pasó con Leopoldo; yo tengo mi versión, pero no se trata de especular ni robarle más tiempo.

Su Santidad, como latinoamericano, ¿qué hay más importante hoy en su agenda, que el pueblo de Venezuela? ¿Por qué no llamar a la iglesia, los obispos, los cardenales de Venezuela y exigirles que todos salgan a las calles a encabezar las marchas pacíficas? ¿No cree usted que hubiese podido prevenir muchas muertes? Todavía está a tiempo.

Yo no tengo duda que de la única forma que se va a conseguir la libertad de Venezuela, es con una intervención de Estados Unidos, o con que la iglesia católica salga a la calle todos los días hasta que caiga la dictadura. ¿Por qué permite que parezca que el gobierno venezolano le acaricia el oído? Es cosa que nunca entenderé.

Su Santidad, a pesar de que seguramente no le guste mi carta, sepa que la escribo desde el fondo de mi corazón; con la única intención de ayudar a Venezuela y usted sabe mejor que yo, que ayudando a Venezuela a que sea libre, estará ayudando a que Cuba siga el mismo camino.
Le suplico que levante el teléfono y llame a Maduro, o a Raúl Castro, ellos lo escucharán a usted, saben que tienen un aliado en el Vaticano y harán lo que usted pida.

Yo estoy convencido que a usted le tiene que doler tanto como a todos nosotros los pecadores, lo que sucede en Venezuela, por lo que no me cansaré de rogarle, suplicarle y pedirle que ayude a esa pobre gente que, en su gran mayoría, son católicos de bien.

Dentro de tantas virtudes que reconozco que usted posee, hay una que me gusta mucho y es que se toma el tiempo de llamar a personas que le escriben. Ojalá yo sea una de ellas y me pueda ayudar a entender mejor a su Santidad. En la carta impresa estará mi número de teléfono.

Con todo el respeto que merece y que le tengo, me despido,

Cordialmente,
Daniel Rutois

 

Haga click aquí para volver a la página principal



Enviar a un amigo:
 
Daniel Rutois  
Volver al Indice
Copyright © 2013 rutois.com