Uno de los hombres más ricos del mundo… ¡un latino!
Hace unos meses, la revista Forbes informó que el empresario Carlos Slim, de nacionalidad mexicana, es uno de los hombres más ricos del mundo, incluso superando al Sr. Bill Gates. Muchos se sienten orgullosos simplemente por el hecho de ser latinos o mexicanos como él.
Sin embargo, yo creo firmemente que uno debe vivir de sus propios triunfos, no de los ajenos.
Con frecuencia digo que los medios de comunicación nos empujan a vivir la vida de otros. Y esa, desde mi punto de vista, es una de las razones por las cuales muchas personas permanecen en la pobreza: celebran logros que no les pertenecen. Que su equipo de fútbol gane no lo convierte en un triunfador. Que un cantante famoso sea de su país no mejora la vida de su familia. Que una película gane un Oscar no cambia su realidad, y que un hispano sea uno de los hombres más ricos del mundo no significa que usted tendrá más dinero mañana. Por eso, no confunda motivación con ilusión.
No escribo hoy sobre este tema para celebrar que un latino esté entre los más ricos, sino para demostrar algo mucho más importante: en cualquier país se puede alcanzar el éxito.
He escuchado cientos de veces la misma excusa: “en mi país es imposible progresar”. Ese pensamiento, más que una realidad, es una limitación mental que afecta tanto la actitud como la capacidad de salir adelante. Tal vez existan excepciones muy particulares, pero en la mayoría de los países latinoamericanos, quien realmente decide cambiar su vida puede hacerlo.
Si usted lo desea y evita las influencias negativas, políticas, sociales o incluso familiars, puede transformar su situación en menos tiempo del que imagina. El caso del Sr. Slim no es un mito: es real, visible y replicable en muchos aspectos. Nació, creció y vive en un país donde más del 50% de la población enfrenta la pobreza. Un entorno donde la desigualdad aumenta, donde hay hambre y donde miles de jóvenes abandonan sus estudios para trabajar o emigrar.
¿Le resulta familiar esa realidad? Probablemente sí. Entonces surge una pregunta incómoda, pero necesaria: si usted vive en un contexto similar, habla el mismo idioma y desea ese nivel de éxito… ¿por qué no lo ha logrado? Mi respuesta es simple: porque hace lo mismo que todos los demás.
Mientras muchos siguen el mismo camino que sus vecinos, amigos o compañeros de trabajo, Slim fue educado de forma distinta desde muy pequeño. A los ocho años no solo aprendía a gastar dinero, aprendía a entenderlo. Le enseñaron el valor del ahorro, la lógica de los negocios y la importancia de invertir en lugar de consumir. Esa diferencia de mentalidad cambia destinos.
Si en este momento usted está pensando que ese consejo aplica para sus hijos pero ya es tarde para usted, o que sus padres no le enseñaron nada de esto y por eso le va mal, deténgase, esa es solo otra excusa. Mientras usted respire, tiene tiempo para cambiar su vida.
Hace poco escribí sobre si un buen inversionista nace o se hace. Carlos Slim, con todas las controversias que puedan rodearlo, es un ejemplo claro de que el aprendizaje y la mentalidad juegan un papel decisivo.
Piénselo de esta manera: hay personas que, después de perder el habla o la movilidad tras un accidente, vuelven a aprender desde cero. Como un bebé. Paso a paso. Si ellos pueden reconstruir capacidades básicas, usted puede aprender a manejar su dinero y pensar como un empresario. No conozco a nadie que haya intentado seriamente mejorar su vida y no haya logrado algún progreso.
Quizás no alcance la fortuna de Slim, y no hace falta. Defina cuánto es suficiente para usted. Descubra qué significa sentirse “rico” en su propia vida y trabaje en esa dirección, y cuando lo logre, me lo cuenta.
En los negocios, las cosas parecen complicadas, pero en esencia son simples: funciona o no funciona. No hay grises, solo etapas. Empiece hoy a construir una mentalidad diferente. Celebre sus propios logros y aprenda a reconocer los ajenos sin vivir a través de ellos.
No grite los goles de otros, grite los suyos. El día que lo haga, se dará cuenta de que algo cambió para siempre.
Mi recomendación final: lea la biografía de las personas que admira. Identifique qué hicieron bien y aplíquelo. Recuerde: la vida no le paga por juzgar; le paga por crear, por aportar y por avanzar.
¡Hasta la próxima semana!
Daniel Rutois
Motivador financiero & Negociador
www.hispanoexitoso.com
“El que no se ve rico, no lo será jamás”
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